«Animalitos con Alas»


Mario Carrizosa (Huajuapan de León, 1975), quien también participó en el 1º Simposio Internacional de Artistas Plásticos «En el ombligo de la luna» y que ha trasplantado esta breve coexistencia de tradiciones paralelas a su propia práctica artística. En efecto, siempre es posible encontrar un punto en el cual la fantasía y el sueño comparten el mismo multiverso que lo existente; ahí, el umbral que abre y separa la vigilia del sueño, como dice Walter Benjamin, es destruido por insectos, artrópodos, anfibios, reptiles, aves y demás fauna y flora surrealista-fantástica que merodea por la obra de Carrizosa, quien se precia de su cultura mixteca oaxaqueña, pero no es un simple imitador de la naturaleza, ni paisajista ni taxidermista; si bien es perfectamente perceptible la figura de los objetos, no así la forma, que juega con los distintos planos, con la dimensión de los objetos y con la composición. La geometría es sólo un pretexto, un detalle técnico para dar armonía, lo primordial es el valor simbólico: la superposición de la línea al color parece dar prioridad a la precisa descripción de este su pequeño zoológico mixteco, pero luego, cuando miramos en torno, nos encontramos con la yuxtaposición de planos, la superposición de objetos, incluso la simplificación de las formas. Todo lo cual descontextualiza los objetos, los abstrae de lo real y los conduce a otras metaforicidades; por un lado, impide una lectura simple, por el otro, nos da pistas para traducir ideas en imágenes, la fisiología en morfología y la vida en experiencia visual.

En cierto sentido, el artista es radical no solo por el tenaz esfuerzo de ligar su arte a sus raíces histórico-culturales sino sobre todo por su “ser radicante”, término que describe Bourriaud como “[…] poner en escena, poner en marcha las propias raíces en contextos y formatos heterogéneos, negarles la virtud de definir completamente nuestra identidad, traducir las ideas, transcodificar las imágenes, trasplantar los comportamientos, intercambiar en vez de imponer.” Si los procedimientos técnicos empleados por Carrizosa caen en el contexto del arte oaxaqueño moderno (Tamayo y Toledo, sobre todo); aquí transcodifican las imágenes, no hay mímesis sino transfiguración. Si el tema pone en marcha las raíces, su tratamiento técnico las trasplanta al terreno de lo simbólico, donde el ser vivo no se representa a sí mismo, sino un cierto vínculo, una sensación, una emoción, un momento plástico de la naturaleza. Sus animalitos tienen alas metaforológicas. Si bien cada pieza es neofigurativa por su forma, por su técnica –en la que el artista da muestras de su habilidad para hacer expresiva a la materia–, en cambio, habría que vincularlo con un traductor de sueños, un psicoanalista fantástico. Pensando  en su arte podríamos cambiar la frase de Wittgenstein: “De lo que no se puede hablar, se debe callar”, por esta otra: “De lo que no se puede hablar, mejor es crear sueños.” La exposición intenta echar a andar ese mecanismo.

Gustavo Luna