En medio de la sierra de cumbres tendidas y de la sierra alta del municipio de Llano de las Flores, Oaxaca, se encuentra el pueblo de Los Abejones, de donde Noel Vargas es originario y cuya lengua es el zapoteco. En 2008 ganó el concurso con el grabado en metal titulado Luo curuxui quee cris toó (Cristo en la cruz), en la Primera Bienal Nacional de Artes Gráficas ‘Shinzaburo Takeda’ (Dirección de Arte y Cultura de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca). En 2012 quedó en tercer lugar en la misma Bienal y en abril de 2019 la Colección Self Help Graphics & Art del LACMA (Los Angeles County Museum of Art) adquirió una impresión del grabado Zinatlahuet (Mano de Obra), incluidas ambas en esta muestra representativa de su trayectoria artística. Noel Vargas ha gozado y sufrido las variadas circunstancias de la migración; migración cultural, migración económica, migración artística. Su obra es prueba fehaciente de la modestia intelectual de quien habla en primera voz y los núcleos temáticos en los que se organiza la exposición MIGRACIONES exhibe las diferentes experiencias desde donde Noel Vargas ha expresado su posición social, cultural, histórica y política en el arte: el cuerpo, la tierra, el agua, la muerte, la migración.

El maestro Takeda ha dicho que “La obra [de Noel] responde, con honestidad y naturalidad, a lo que el hombre espera del arte.”, mientras que Juan Carlos Pereda señaló, con motivo del otorgamiento del primer lugar en la Bienal citada, que su obra es “[…] de gran fuerza expresiva, también de una belleza casi arcaica y una sincera y límpida inmediatez, lo mejor de lo contemporáneo filtrado por su sensibilidad […]”. Noel ha expuesto su obra en Los Ángeles, California; en Minnesota; en la Ciudad de México, Oaxaca y Durango y en línea es posible ver su obra en Larimar, Galería Alternativa. Fue alumno del Maestro Francisco Siqueiros con quien hizo en 2011 una residencia en El Nopal Press, Limited Edition Fine Art Printing, Los Angeles y participó en algunos talleres de grabado con Demián Flores.

 Sin duda, los motivos de su tradición son fácilmente identificables en su obra: la tierra, el agua, la naturaleza, el paisaje, el cuerpo, pero sobre todo la potencia expresiva de la mano (que el Maestro Toledo tanto subrayó como unidad de medida del quehacer del artista): su registro del trabajo, sus huellas, sus caminos, su capacidad gestual, dinámica y creativa, se sedimentan en cada línea, en cada trazo, en cada paso. Sus exploraciones con el grabado (xilografía, linografía, punta seca, serigrafía, aguatinta, monotipo, etc.) son también pequeñas migraciones en busca del sentido profundo de la materia (la madera, el papel, el metal, el acrílico), del espíritu de la cultura zapoteca –el cultivo de la tierra también es cultura, y la migración de los pueblos indígenas siembra la cultura oaxaqueña por doquier que se difunde y se promueve. Ahí donde la identidad está siempre en juego, ahí la mano deja siempre una estampa, una marca de su paso por el mundo.  Esta exposición no puede dejar pasar la ocasión de hacer constar el agradecimiento de Noel Vargas a la guía espiritual del Maestro Francisco Toledo, quien le acogió, hace ya casi veinte años en el Centro de las Artes de San Agustín (C.A.S.A.), en San Agustín Etla, Oaxaca, donde el artista aprendió el oficio que tantas satisfacciones le ha dado. Vaya esta exposición en homenaje al Maestro.

Gustavo Luna